Zuhause

In letzter Zeit habe ich viel darüber nachgedacht, wo mein Zuhause ist. Auf den ersten Blick scheint das vielleicht eine leicht zu beantwortende Frage zu sein, aber je mehr ich darüber nachdenke, umso vielseitiger werden auch meine Antworten auf diese Frage. Also habe ich mich jetzt dazu entschlossen, darüber zu schreiben.

Wenn man nach dem Wohnort geht ist die Sache recht eindeutig. Dann ist das Zuhause laut Personalausweis auf eine Adresse festgelegt. Meine Zuhause ist also zum Beispiel die Nummer 7 in der Straße Feldweg in einer mit Postleitzahl bedachten Stadt oder einem Ort. So weit, so gut. Da fängt aber das Dilemma schon an, denn spätestens wenn das Studium beginnt, fragen sich viele junge Menschen, welches nun ihr Wohnort ist – der Ort an dem sie während der Ausbildung wohnen oder doch weiterhin ihr “Kinderzimmer” bei den Eltern? Abgesehen von einer amtlichen Frage (Wo bin ich gemeldet?) ist dies natürlich auch eine emotionale Entscheidung abhängig davon, wie lange man plant, am Ort der Ausbildung zu bleiben oder ob man jede Semesterferien sowieso bei den Eltern verbringen wird.

Bisher habe ich also offiziell an zwei Orten gewohnt – in meinem Heimatort in Schleswig-Holstein und während meines Bachelorstudiums in Hessen. Aber ein Wohnsitz oder ein Haus/ eine Wohnung ist ja noch kein Zuhause… Und außerdem tauchen in dieser Statistik meine diversen Auslandsaufenthalte nicht auf, weil ich während dieser Zeit ja trotzdem in Deutschland gemeldet war.

Christian Morgenstern hat mal gesagt “Nicht da ist man daheim, wo man seinen Wohnsitz hat, sondern wo man verstanden wird.” So gesehen ist Mexiko auf jeden Fall auch meine Heimat, denn dort habe ich mich immer verstanden gefühlt, obwohl ich mich nicht immer so ausdrücken konnte, wie ich wollte. Auch familiär gesehen habe ich in Mexiko ein (zweites) Zuhause gefunden, denn meiner Meinung ist ein Zuhause dort, wo man seine Lieben hat (Home is where the heart is). So kann also auch ein fremder Ort ein Zuhause werden, wenn man sich dort “einlebt” und von lieben Menschen umgeben ist.

“Was hilft es mir, wenn ich in der ganzen Welt herumreise und nirgends zuhause bin?” fragte Paul Schibler einst und ich denke, dass auch solch eine Erfahrung durchaus wichtig ist. Es kann immer passieren, dass das “Zuhause” erschüttert wird durch den Verlust eines geliebten Menschen oder die Veränderung der Umgebung oder sonst was. Ich denke, es ist wunderbar, wenn man ein Zuhause hat wohin man immer wieder zurückkehren kann, aber es ist genauso wichtig, sich in die Welt zu wagen und (zumindest eine Zeit lang) ohne ein greifbares Zuhause zurechtzukommen. Außerdem ist das “Nach Hause kommen” nach einer großen Reise ja noch viel schöner und zumindest ich schätze dann wieder viel mehr, was ich zuhause habe und an anderen Orten nicht. Das können materielle Dinge wie die Spülmaschine sein, von Mama bekocht zu werden oder einfach die Unterstützung der Familie zu spüren.

Während meines Studiums habe ich ein Semester im Süden Brasiliens verbracht – weit weg von sowohl meinem deutschen als auch meinem mexikanischen Zuhause. Und ja, das hatte ich mir so ausgesucht, weil ich Portugiesisch lernen wollte. Während der Monate dort hatte ich durchaus mal Heimweh, weil ich kein wirkliches “Heimatgefühl” bekam, aber ich machte das Beste daraus, reiste viel und studierte fleißig. Am Ende des Semesters kam Gus mich besuchen und fragte mich auf unserer gemeinsamen Brasilienreise, ob ich ihn heiraten wollte! Während ich also in den vorigen Monaten mein Zuhause vermisst hatte, fragte mich Gus nun, ob ich für immer sein und er für immer mein Zuhause sein solle. Das scheint mir im Nachhinein mehr als nur Zufall.

Nun dauert es nicht mehr lange, bis ich ein Masterstudium in Berlin beginne und somit steht für uns bald ein Umzug in die Hauptstadt bevor. Trotzdem haben wir auch weiterhin unser Zuhause bei meiner Familie in Norddeutschland und bei seiner in Mexiko. Ich habe also in den letzten Jahren gelernt, dass mein Zuhause überall sein kann und ich auch mehrere Zuhauses haben kann. Mein Zuhause an der Ostsee ist das älteste und ich muss dabei oft an das Lied denken: “Herr, deine Liebe ist wie Gras und Ufer, wie Wind und Weite und wie ein Zuhaus”.  Mein Zuhause in Mexiko ist neuer, noch nicht so “fest” und ich kenne es noch nicht so gut, aber es ist mir genauso ans Herz gewachsen. Beide Zuhauses bestehen aus bestimmten Menschen und Orten. Die Zuhauses verändern sich und können Überraschungen bereithalten und manchmal sind sie auch zusammen, wenn zum Beispiel Besuch aus Mexiko nach Deutschland kommt oder andersherum. Tja, und mein Ehemann ist mein Zuhause egal wo wir gerade sind – ob in Mexiko, in Deutschland oder an irgendeinem anderen Ort in dieser schönen Welt.

Un nuevo mundo

Hace tres meses que dejamos México atrás y que vivimos en Alemania mi esposo y yo – es tiempo de hacer un primer resumen del tiempo de “acostumbramiento”. En nuestro caso el verdadero inicio de acostumbrarse a la nueva situación de vida empezó un poco más tarde que hace 3 meses, porque el primer mes basicamente estuvimos viajando por Europa con amigos y familiares, así que no cuenta. Después de terminar el viaje y de regresar a la vida diaria nos enfrentamos a la realidad. La realidad era que Gus tenía que empezar con un curso de alemán ya y que el inicio de mi maestría (en octubre) no estaba tan lejos ya. La realidad también era enfrentarse a ver muchísimos trámites, entre ellos, el permiso de residencia Alemania, abrir una cuenta bancaria, conseguir documentos para la universidad y para el seguro médico.
Buscar un curso para Gus fue algo complicado simplemente porque en muchos lados no ofrecían cursos de su nível en ese momento, porque los cursos ya estaban llenos o porque era difícil llegar al curso sin carro (aquí vivimos en el campo – hay bastante posibilidad de moverse en bici o en transporte público, pero algunos lugares están lejos de todo tipo de transporte público). Pero por fin encontramos un curso que empezó hace poco y es justo lo que estabamos buscando. Mientras yo sigo trabajando antes de movernos a Berlin para la Universidad en octubre y mi marido también se puso a trabajar durante las semanas antes de que empezara el curso. El trabajo que hacía era muy básico, pero era lo que podía hacer sin hablar mucho alemán.
Todo eso es como un nuevo mundo para Gus, para nosotros y para nuestra relación. En México, Gus hacía todo – resolvía sus cosas, las de su negocio, a veces las mías y hasta las de sus familiares. Él sabía como resolver asuntos y problemas y cada quién se ocupaba de sus cosas. Aquí en Alemania todo es diferente: Gus tiene que pedir mi ayuda o la de mis papás para muchas cosas que él quisiera resolver solo. Pero no puede porque simplemente le falta el conocimiento del alemán. La verdad es que he llegado a sentirme como su secretaría…
La otra gran diferencia entre nuestra vida en México y la vida en Alemania es la cercanía de una y la ausencia de la otra familia. Creo que es algo que no tuvimos muy claro al momento de elegirnos como esposos, pero es así: Estar juntos significa que máximo uno de nosotros puede estar cerca de sus familiares. Claro que puede haber momentos en que las dos familias están juntas pero sólo es para un momento como unas vacaciones o un evento. En general no se me hace pesado estar lejos de mi familia, pero claro que también me han tocado momentos tristes o difíciles en los que queria estar con ellos y no se podía porque estaban del otro lado del charco. En esos momentos me pude consolar en estar con mi esposo y mi familia mexicana y en verdad me han ayudado mucho en eso! Ahora la situación está al revés y tanto mi esposo que yo extrañamos a nuestra familia mexicana.
Por último hay el cambio de lengua que a veces nos complica la vida: Es fácil y cómodo hablar español, pero estamos aquí para que Gus aprenda alemán así que intentamos siempre hablar alemán. Eso significa que a veces no nos entendemos bien, que pueden surgir malentendidos y que necesitamos paciencia los dos. Yo creo que paciencia es lo más importante porque si no, Gus se frustra por no poder expresarse como quisiera o yo me desespero porque no le entiendo bien o por tener otras cosas en la mente. Y así las cosas salen mal.
Aparte de esas diferencias culturales y personales también hay grandes diferencias entre nuestra vida mexicana y la alemana simplemente porque nos mudamos de una ciudad con casi tres milliones de habitantes a mi pueblo de origen con apenas 12 mil habitantes en el municipio. Claro que eso se ve en nuestra planificación del tiempo libre: Justo hoy estabamos hablando de que hacer el fin de semana y no se nos ocurrió mucho, mientras en México siempre hubo la posibilidad de ir a cenar o a hacer algo lindo en la ciudad. Pero también hay que ver los lados positivos: Mientras tuvimos esa plática Gus y yo estabamos corriendo por el bosque que está a 10 minutos caminando de nuestra casa – igual que la playa. Durante el verano era una maravilla para Gus vivir en la playa porque siempre lo ha soñado y fue como estar de vacaciones para él. Pero ahora que empieza el otoño ya no es momento de ir a la playa porque hace frío. Como pueden ver vemos y vivimos mucho la “tranquilidad alemana” aquí en mi pueblo en comparación del “caos mexicano” que vivimos antes. Claro que las dos cosas tienen sus ventajas y pronto nos vuelve a tocar la vida en la ciudad cuando nos mudamos a Berlin. Pero por el momento disfrutamos mucho de la tranquilidad del campo.
¿Como todo eso afecta nuestra relación? Todavía no lo sabemos bien pero por el momento creo que puedo decir dos cosas: Primero creo que es algo muy bueno para una relación tener de vez en cuando cambios grandes y enfrentarse a situaciones nuevas juntos. Nosotros estamos aprendiendo como modificar ciertas cosas y como superar las dificultades de la nueva situación exitosamente juntos. Los papeles se están acomodando de nuevo y eso me gusta porque así siempre hay desarollo en nosotros y en nuestra relación. Y lo segundo es que para nosotros también es algo bueno que mi esposo ahora está pasando por un proceso por el que yo pasé hace unos años. Por ejemplo cuando yo hacía errores en español y Gus se burlaba de mi siempre me molestaba (que digo – todavía se burla de mi cuando hago un error…). Sabía que no lo hacía en mal plan, pero aún así no se siente chido. Ahora él está pasando por ese proceso y ya vio porque no me gusta cuando se burla de mis errores porque le está pasando exactamente lo mismo con el alemán ahora. Así que creo que esa nueva situación nos hace aprender y entender más el uno al otro y eso es importante en todas las relaciones pero más cuando dos personas no vienen del mismo espacio cultural pero de mundos tan distintos.

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A change is coming

 

Today, Gus and me have been married for one year. It has been an incredible year! We’ve had so many wonderful opportunities that I can only be thankful for this first year of marriage: There have been a lot of travels both in Mexico and internationally, new challenges professionally, we have been a very happy aunt and uncle, there have been arguments and lots and lots of love, and most importantly a lot of spending time and sharing our life with wonderful people being our family and friends here in Mexico.

Now, change is coming: A month from today we will be living in Germany and everything is about to change: Gus will leave Mexico and live in another country for the first time in his life, he will leave behind his family, his business, his comfort zone and his culture. He will trade his family for mine, his business for a lot of new opportunities and ideas, his comfort zone for new experiences and his culture for a european one. I will change work for university, the mexican easy-going attitude for the german straight way of thinking and one part of our family for another.

It has recently dawned on me that this is really happening, we have started the change by moving boxes, selling things and waiting for Gus’ visa and I have started to realize how hard this is going to be. I have started being all emotional, dreaming weird things about the flight to Germany and my mind is sometimes too full of thoughts concerning this big change to rest and go to sleep. I have done these kind of changes before and I know that it’s hard: Everytime after spending a time (Au-pair, exchange etc.) in another place abroad, I have felt what I am feeling now: Being sad for leaving and having to say goodbye to everyone at this place and being happy for coming back home and to my family. But this time it’s different. This time, I am really, really sad for leaving because I am leaving behind a part of my family. In Mexico, family is everything so of course it’s going to be hard to leave my mexican family that we have spent so much time with! It’s my family – even though they sometimes annoy me, I love each member very much!

Also, I don’t really know, what to expect back in Germany. I mean, of course I know what to expect in a way but I don’t know anything about the current Germany, how society is changing due to politics and immigrants and I have no idea how I am going to survive the winter! Don’t get me wrong, I am so looking forward to living with Gus in Germany! I am so happy to see my german family, to go back to university, to eat my mum’s cake and to drive on streets that have no holes in them! But I am also uncertain about how things are going to be, because they will be different then here in Mexico, for sure.

The good thing is, that I am not alone this time. Gus is going with me and we will be able to share so many things. He will finally understand what’s it like to be away from home, to not always be able to express yourself the way you wish and to not understand why things are done a certain way. In the meantime, I will try to explain german habits to him, help him learn this complicated language, prepare him a mexican meal now and then, have him welcomed in our german family.

I am sure, that our relationship will change as well because our roles will change: Here in Mexico, he is the one that knows what to do, the one that knows how to get things in order and sometimes how to resolve them in another way. He is the “head” of the family here, taking decisions and supporting everyone around him. In Germany, I will be the one who knows how things are done and he will be the outsider. He will have nothing else but himself to worry about for a change and can start a new life in a way, doing the work and the activities that he likes. We will go to a city which is new for both of us, without any friends or family and we’ll figure out life on the way. And if we miss the sun or our mexican family, we will comfort eachother and book the next flight to visit them 😉

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Identity in between cultures

The other day, Gus and me went to a Halloween party of a friend. Everyone was dressed up and we had a wonderful time. That night, we met a couple which is mexican- costarican and the husband which is costarican and me started talking. We are both living in Mexico for some years now and agreed on a lot of things concerning identity and life in Mexico as a foreigner. We talked about food, mexican attitudes and cultural details. The most interesting part for me was agreeing on a lot of things concerning our identity: As we both have been living in Mexico for a while, we miss it when we’re not in Mexico. I always miss the welcoming, warm-hearted people, the sun and the food. Little details that I sometimes find annoying when I am here are suddenly missed when I am somewhere else. Mexico has become my home in a way. I know my way around, I have adjusted to a lot of things and have wonderful memories in this country. Arriving in Mexico means not being somewhere unknown, but somewhere known and loved although it’s also a place where I don’t understand or don’t agree with a lot of things. I wish I could change some things because sometimes I feel really lost and think that this wouldn’t happen in Germany where I really know how things work. However, Germany is not the same place in my imagination and in reality. I only think about the good things that I would like to have here from Germany – a little more order and organisation, being able to trust in others more, chocolates and certain things being easier. When I am in Germany, I notice all the things that are so much better in Mexico and notice so many things I don’t agree on. So in conclusion: When I am in Mexico, I miss some things from Germany and the other way around.

Concerning my behaviour it’s the same thing: I have adopted certain attitudes or behaviours from Mexico but I am still ‘very german’. So my being and my whole identity is actually a mix of both cultures. In Mexico everyone always says to me that I am basically mexican already, but that’s not entirely true, because I feel way to german for being mexican. If you have never been in a situation like this, I guess it’s hard to understand, but if you have, you will understand easily:

Sometimes, I don’t know where I belong. I don’t feel that Mexico is my home entirely, because I am way to exotic here as a german. But I also don’t feel like Germany is my home anymore – the place of my childhood, yes, but it’s not really my home anymore. So yes, there are days when I feel a bit ‘homeless’ or lost. Of course this is the sad way to see it – the best way to see it would be to say that I am at home in both countries on two continents.

The thing is that whenever you leave your home for a while and live in another country, you return as a different person as the person you were when you left the place. Due to all the experiences I made in Mexico that other people in my home never made and most likely never will make, I see things differently than they do. While you have changed, the place has not changed and most people will not understand the feeling of missing a home away from home.

Another thing about identity is to not be ‘the german’ in Mexico and ‘the girl that lived in Mexico’ in Germany. Yes, ok – these things will always influence your life, how you are treated etc., but you can not let it stand in front of your personality. In Mexico it has happened to me a few times that people limit me to ‘the german girl’ instead of getting to know me and my personality. They only ask about things from Germany and not about me. Another problem is to use the ‘being german’ as an excuse for anything. For example it has happened to me and Gus that we didn’t understand eachother and there was a misunderstanding. Sometimes it’s because of the language, but sometimes it’s also because of bad communication and you have to recognize that and not say that it’s because of the language.

I am not good at talking too much with several people I don’t know. When it’s one or two people at the time I am fine, but being in a completely new group of people I need some time to ‘warm up’ and talk with everyone. Before that, I prefer to talk to the people I already know, especially when I didn’t speak Spanish very well. But this is not something that is ‘german’ – that would be an excuse. This is something of my personality and sometimes you have to seperate the personality and the nationality very carefully.

Another thing my mexican family sometimes doesn’t get is that it’s not always easy being away from my family for so long. Sometimes I just get sad from what seems like nothing but that’s because there is this part inside of me that just misses my family and I don’t allow this part to take over me very often. So there are just moments when these emotions win over me and I get sad without any obvious reason. There is nothing I want or can do against it because feeling the emotions is important.

This is what it feels like to live here in Mexico, maybe some of you can understand 🙂

 

 

Un corazón frío

Durante mi tiempo en México he escuchado todo tipo de ideas que la gente tiene sobre Alemania y sus habitantes. He hablado con personas que nunca han salido de México y que no se pueden imaginar que haya países donde no hay tortillas o donde la vida es tan diferente a la vida en México. He tenido conversaciones serias y muy interesantes con gente que ya había ido a Alemania o por lo menos a Europa sobre las diferencias culturales. Hemos hablado sobre comida, política, organización y educación, pero una cosa casi siempre surge de una forma u otra en una conversación así: Los alemanes son fríos.

Hoy quiero aclarar ese estereotipo de una vez por todas.

Entiendo porque a lo mejor hay esa idea sobre los alemanes en comparación con mexicanos o latinos en general. Empecemos con algo básico como el saludo: Si no conozco a alguien, en el contexto formal o si la persona no es muy cercana, el saludo adecuado en Alemania es darse la mano. Entre hombres ese saludo también aplica en relaciones más o menos cercanas. Para mujeres está bien dar un abrazo cuando la relación es algo cercana y para relaciones cercanas (padres con hijos, muy buenos amigos, hermanos etc.) es normal un saludo más cariñoso cómo abrazos y besos.

En México al contrario, aunque no conozcas a alguien, muchas veces la forma indicada para saludar es dar un beso en el cachete. Ok, también a veces se dan la mano, más en el contexto formal, pero el beso es el saludo universal. En un grupo se saluda a cada quién personalmente mientras en Alemania podemos aplicar “Hola a todos!” cuando entramos y listo.

En México en general se expresa mucho más el cariño y el calor – en el lenguaje (hace poco estaba en una tiendita y la señora le decía “mi amor” a todo mundo), en el lenguaje corporal (por ejemplo con abrazos cada rato o en el baile) y en muchas situaciones sociales como cumpleaños o un encuentro con amigos. Aquí es muy común decirle a todos que los amas y los quieres mientras nosotros quizás somos un poquito más ahorradores con las palabras de cariño y de amor.

Como pueden ver, los mexicanos sí son más cariñosos en ese tipo de cosa y los alemanes son un poco más distanciados. Pero eso no quiere decir que tengamos un corazón frío! Somos mucho más cuidadosos con muchas cosas que los mexicanos que son “del barrio”, no tenemos la idea de “O que chinga o que jode” pero nos apoyamos el uno al otro y así todos están mejor.

Además, sólo porque no nos decimos todo el tiempo que nos queremos no significa que no sea así. Al principio encontrar amigos o entrar en un círculo social en Alemania puede resultar difícil. Porque sí, a lo mejor no somos tan abiertos como los mexicanos, la vida no toma lugar en la calle (debido al clima…) y así es más complicado conocer a gente nueva. Pero una vez que encontraste un verdadero amigo o entraste a algún círculo, es algo seguro y puedes contar con ellos. Mientras tanto en México, la gente te pregunta las cosas más íntimas después de conocerse media hora, te invita a su casa de playa y todo parece perfecto, pero cuando les hablas para encontrarte con ellos o para tomar su invitación de la playa, se les complican las cosas y encuentran alguna excusa para salirse del compromiso.

Obviamente no todos los mexicanos son así, ni todos los alemanes. Sinceramente, a mi me encanta que los mexicanos sean así de cariñosos y lindos y que te hagan sentir bonito con su lenguaje que apapacha. Personalmente, creo que una mezcla de las dos ideas sería lo ideal, como en muchos casos sería la solución perfecta. Así que les diré a mis paisanos que les regalen una sonrisa y una cerveza cuando conozcan a un mexicano, para quitar ese estereotipo lo más pronto posible 😉

 

Willkommen in der Zivilisation

Nun habe ich schon seit mehreren Wochen keinen Eintrag mehr geschrieben. Einer der Gründe dafür war eine kleine Reise nach Kanada, über die ich heute ein bisschen erzählen möchte:

Seitdem Kanada die Visumspflicht für Mexikaner vor einem guten Jahr abgeschafft hat und danach Trump mit vielen Mexikofeindlichen Worten und Gesten dafür sorgte, dass viele Mexikaner die USA nicht mehr als Reisemöglichkeit sehen, wird Kanada als Reiseziel für Mexikaner zunehmend beliebter. Für die Einreise in die USA benötigen Mexikaner ein Visum (auch wenn sie nur als Tourist einreisen wollen) was man nur nach einem aufwendigen Verfahren bekommt. Um nach Kanada einzureisen musste ich für sowohl Gus als auch mich nur ein paar Daten im Internet angeben, pro Person ca. 10 Euro bezahlen und fertig – innerhalb von Minuten hatten wir per E-Mail die Bestätigung, dass unsere Einreise angenommen war.

Als wir dann einige Tage später in Vancouver gelandet waren, fiel uns sofort die Ordnung auf, die im ganzen Land herrscht und die wir aus Mexiko so keinesfalls gewöhnt sind. Beim Verlassen des Flughafengebäudes mussten wir einen Zebrastreifen überqueren, um auf der anderen Seite den öffentlichen Personennahverkehr zu nehmen. Wir sehen, dass zwei Autos angefahren kommen und bleiben aus Gewohnheit stehen, denn in Mexiko kann man lange darauf warten, als Fußgänger von einem Auto vorbeigelassen zu werden. Die beiden Autos bremsen und halten schließlich vor dem Zebrastreifen an – Gus und ich schauen uns verdutzt an, grinsen und überqueren dann uns bedankend und lachend die Straße. Gus meint, dass die Autofahrer auch denken müssen, wir seien verrückt, wenn wir uns so über einen Zebrastreifen und ein anhaltendes Auto freuen. Wir haben eben ganz vergessen, dass Kanada ein ‘zivilisiertes’ Land ist und freuen uns, mal wieder in einem geordneteren Land zu sein als das wunderschöne aber chaotische Mexiko. In den nächsten Tagen lernen wir dann schnell, dass Kanada sogar noch geordneter ist als zum Beispiel Deutschland: Wir warten an einer Bushaltestelle auf den Bus, wir sind die ersten wartenden Passagiere. Da wir sehen, dass der Bus erst in ca. 10 Minuten kommt und wir vom vielen Laufen durch die Stadt müde sind, setzen wir uns auf eine Bank, die neben der Bushaltestellte steht. Neben uns ist noch eine Bank und nach wenigen Minuten setzen sich ein paar Leute darauf. Als der Bus dann kommt, stellen wir erstaunt fest, dass sich eine ordentliche Schlange gebildet hat, die hinter der anderen Bank beginnt. Wir wurden also als sitzende Personen ohne es zu merken in die Schlange integriert und es wird gänzlich respektiert, wer zuerst da war. Gus sagte, Kanada sei das geordnetste und zivilisierteste Land in dem er je gewesen sei.

Es ist wirklich schön, mal ein paar Tage Ordnung zu erleben: Eines Morgens ist der Bus recht voll und wir erleben, wie der Busfahrer an jeder Haltestelle nur noch ein bis zwei Leute mitnimmt, damit der Bus nicht zu voll wird und gleichzeitig die Verteilung gerecht ist und er nicht an zahlreichen Bushaltestellen einfach vorbeirauscht (wie es in Mexiko der Fall ist wenn der Bus voll ist). Als wir uns für ein paar Tage ein Auto mieten sind wir entzückt von den guten Highways (ohne Schlaglöcher) und den Straßen generell (ohne Bremsschwellen). Man hält sich an Verkehrsregeln, Geschwindigkeitsbegrenzungen und wir können sogar ohne Sorge unsere Wertsachen im Auto lassen! In Mexiko ist das Diebstahlrisiko viel zu hoch, die Geschwindigkeitsbegrenzungen interessieren die wenigsten und Verkehrsregeln sind oftmals eher Empfehlungen.  Nach ein paar Stunden Autofahren sagt Gus zu mir: “Das ist richtig langweilig so zu fahren – 110 km/h ohne Schlaglöcher und ohne viel Verkehr.”

Kanada ist ein wunderschönes Land – landschaftlich beeindruckend mit unheimlich netten Menschen und einer bunten Bevölkerung. Besonders die Rocky Mountains haben uns beeindruckt, diese spitzen Felsen mit Gletschern die so unbezwingbar aussehen und einfach bildschöne Landschaften entworfen haben. Auch Vancouver – von Bergen und Meer umgeben ist als grüne Großstadt wirklich eine Reise wert.

Auch war es toll, mal wieder Jahreszeiten zu erleben: Während unserer 10 Tage in Kanada haben wir drei Jahreszeiten durchlebt. Am Anfang in Vancouver war es mit bis zu 25°C noch kanadischer Sommer, auf dem Weg in die Rockies haben wir einen goldenen Herbst erlebt mit wunderbar bunten Blättern und an unserem letzten Tag in Calgary hat es geschneit! Das war wirklich schön, aber genau so schön war es, dass wir nach einem Tag Schnee wieder in die mexikanische Sonne fahren konnten 🙂

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El español y yo

De vez en cuando me pasa que alguien me empieza a hablar en inglés (por mi apariencia física). No me gusta eso pero pues lo entiendo. Le contesto perfectamente en español y la persona sigue hablando en inglés – ahí es que a veces me molesto, porque piensan que soy estadounidense y no respetan mi elección de idioma. No estoy en México para hablar inglés, pero para hablar español.

Hoy quiero contarles del camino y los pasos que pasé y viví para llegar al punto de hablar bien el español. Todavía no es perfecto, creo que nunca lo será, pero pues ya fue un camino bastante largo hasta aquí.

Una de las preguntas favoritas de los mexicanos hacía mí es en cuanto tiempo aprendí hablar español. La respuesta de esa pregunta es bastante complicada, porque es muy difícil definir el tiempo en el que uno aprende un idioma. Que significa hablar un idioma realmente – poder comunicarse o comunicarse con errores? ¿Hablar o escribir el idioma? ¿Conocer dichos y entender el albur de México? ¿Poder comunicarse con lenguaje coloquial o también en un contexto formal? Cómo pueden ver, hay muchos pasos y niveles en aprender un idioma.

Cuando llegué a México hace 6 años, casí no hablaba nada de español. Había tenido muy poca experiencia con el español antes – algunas vacaciones en España y unas clases de español 2 años antes de mi llegada a México. De hecho por eso quería venir a México – a aprender español. Durante los primeros meses aprendí muy rápido vocabulario porque me di cuenta que era muy necesario, porque nadie habla inglés! En una ocasión no pude decir bien al chofer del camión a donde quería ir y al final me dejó en un lugar completamente diferente al que iba…

Durante esos meses aprendí lo básico para no perderme, para ir de compras etc., pero una conversación verdadera con otra persona me costaba mucho trabajo. También entender a un mexicano cuando hablaba rápido era casí imposible. Después de 6 meses, me mudé a vivir con Gus y su hermana y cuñado. Eso me ayudó bastante para mejorar el entendimiento del idioma porque con ellos ya siempre hablaba español. Las conversaciones se volvieron más fluidas y yo aprendí muchas expresiones coloquiales tanto como groserías. Hasta me enseñaron como hablar en f!

Luego regresé a Alemania para 4 meses y cuando volví a México después, mi español había sufrido un contragolpe por no hablar el idioma durante ese tiempo. Me costó trabajo otra vez recordar cosas que ya sabía antes. Los siguientes meses me ayudaron mucho en reforzar el conocimiento para ya no olvidarlo tan rápido. Durante todo ese tiempo casí nunca tuve que escribir algo en español, entonces todo mi conocimiento era oral. En forma escrita todavía hacía muchos errores. Luego empezé la universidad en Alemania y estudíe Español entre otras materias. Ahí es cuando me di cuenta que ya sabía muchas cosas por intuición lingüística, pero no sabía las reglas en muchas cuestiones gramaticales, por ejemplo. No se pueden imaginar tanto trabajo que me costó aprender la diferencia entre “he comido”, “comí” y “comía”. También el subjuntivo a veces no me dejó dormir en épocas de exámenes… Pero bueno, de eso me sirvió la universidad – aprendí la gramática, el lenguaje más formal y cómo escribir en español.

Durante ese tiempo vine a México varias veces de vacaciones y cada vez que fuimos a alguna fiesta o evento con varias personas, yo me separé mucho de lo que pasaba y me costó mucho participar y convivir con los demás. Es importante entender que es una cosa hablar en un idioma que no es el tuyo con una persona en algún momento del día – me podía concentrar en esa persona mientras hablaba, su cara y sus gestos y yo hablaba perfectamente bien con la persona. Es algo completamente diferente participar en una platica entre muchas personas que están cotorreando. Hay personas que hablan más fuerte, otros más bajito, la gente se interrumpe y siempre hay mucho ruido de fondo, por ejemplo la música a volumen alto. No perderme en ese tipo de ambiente me costo mucho trabajo durante mucho tiempo y hasta la fecha a veces es pesado. El cerebro recibe tanta información a la vez y no la puede procesar tan rápido como el cerebro de un hablante nativo. Cuando yo apenas pensaba en algo que decir, la plática ya había tomado otro rumbo.

Hoy en día, después de terminar la carrera y de estar otro año en México, puedo decir que estoy muy contenta con el español – Gus me está entrenando actualmente en detectar y entender los albures. Jamás estará perfecto mi español y siempre se escuchará mi acento extranjero, pero está bien. La verdad es que me encanta esa hermosa lengua y la quiero seguir aprendiendo. Me encanta el sonido del español, su lógica en crear palabras y la vista del mundo que está atrás del idioma (sobre eso hablaremos en otra ocasión ;)). Y cuando Gus pase por las diferentes etapas de aprender el alemán, yo le voy a entender perfectamente 🙂